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jueves, 16 de abril de 2020

Nutrición celular: Alimentando nuestras células para preservar la vida

Para llevar a cabo sus funciones vitales, las células de nuestro organismo requieren energía y materia. El procedimiento para su obtención, lo conocemos bajo el nombre de Nutrición Celular.

Los animales, las bacterias y los seres humanos requieren el empleo de materias de otros seres vivos para nutrirse, ya que no pueden sintetizarla. Por su parte, en el reino vegetal, las plantas usan materia inorgánica, como las sales minerales, para producir sus propios alimentos.

Es gracias los estudios realizados por Matthias Jakob Schleiden, (responsable de plantear la hipótesis de la evolución de las plantas a partir de la teoría celular), que posteriormente se pudo esclarecer el misterio acerca de cómo una célula  llevaba a cabo su proceso de nutrición.

Con el tiempo y a partir de esas investigaciones, se pudo especificar claramente en qué consistía la nutrición de una célula tanto a nivel vegetal como animal. Sin este proceso, las células no vivirían y tampoco nuestro cuerpo.

El proceso…

La nutrición celular comienza en el mismo instante en el cual ingerimos alimentos,  lo que  desencadena diferentes y necesarios procesos en nuestro organismo, que finalizan con la nutrición de las células y, por ende, la transformación en energía. Durante las etapas de la digestión, los alimentos que consumimos se convierten en fragmentos más simples, imperceptibles al ojo humano, que son utilizados por las células para nutrirse.

El sistema nervioso lidera el procedimiento a través del cual estas partículas (transmutadas en moléculas), son trasladadas por la sangre hacia el líquido intercelular, donde quedan a merced de las células. Este líquido es una especie de gran almacén o despensa donde las células se alimentarán de lo que allí está dispuesto.

Satisfaciendo paladares: ¿Cómo alimentamos a las células?

La manera correcta de nutrir correctamente a nuestras células, es proporcionándole una alimentación sana y balanceada a nuestro organismo, en la cual estén siempre presentes los siguientes elementos:

  • Proteínas: Son el material necesario para formar las moléculas responsables de la defensa, transporte o regulación de las funciones o de los tejidos.
  • Hidratos de carbono: Glúcidos o azúcares,  se constituyen en la fuente principal de energía dentro del organismo y son llamados también carbohidratos. Ellos son:
    • Monosacáridos: presentes en la fruta, glucosa, miel, frutas y algunos vegetales
    • Bisacáridos: lactosa en la leche o la sacarosa en el azúcar.
    • Polisacáridos: presentes en cereales y legumbres
  • Grasas: Conocidas como lípidos. Sirven de reserva energética, mantienen la temperatura corporal y protegen órganos vitales. Se clasifican en saturadas (provenientes del reino animal); insaturadas (extraídas de los vegetales); y Trans (grasas insaturadas mediante un proceso de hidrogenación).
  • Vitaminas: Aunque necesarias para el organismo en pequeñas cantidades,  son requeridas para determinadas reacciones metabólicas. Su ausencia o deficiencia es responsable de numerosos padecimientos en el cuerpo humano. Estas se clasifican en:
    • Hidrosolubles: C, y las del grupo B. Se eliminan fácilmente, y allí la razón de su ingesta diaria. Las encontramos en verduras y vegetales.
    • Liposolubles: A, D y E. No son fáciles de eliminar, ya que se acumulan en el organismo. Aceites de pescado y vegetales son las principales fuentes de obtención de estas vitaminas.
    • Minerales: Requeridos para el funcionamiento de nuestra fisiopatología. Se agrupan en:
      • Macrominerales: potasio, calcio, sodio, magnesio, fósforo, cloro y azufre, los cuales son requeridos en mayor cantidad.
      • Oligoelementos: hierro, yodo, flúor, cobalto, manganeso, zinc, necesarios en menor cantidad que los anteriores.
    Semillas, algas, cereales, legumbres y verduras son la fuente principal de los minerales.

    Una alimentación sana, balanceada, es necesaria para mantener a nuestras células bien nutridas, garantizando con ello el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. Es salud, es vida, es bienestar.


    #unimel #unimelve #venezuela #dermatología #laser

    lunes, 21 de octubre de 2019

    Cuando tu piel es el reflejo de lo que comes…


    Piel seca, agrietada, ojeras, manchas… Aunque no lo creas, tu piel podría estar sufriendo de mala alimentación.

    Si no llevamos una dieta saludable, equilibrada, contentiva de todos los nutrientes que tu organismo requiere, nuestra salud se resiente. La piel, no escapa de esa realidad ya que, como parte fundamental de tu cuerpo, también necesita todos los elementos necesarios que la mantengan en muy buen estado. 


    Eres, lo que comes. Si no llevamos una vida saludable, ello se ve reflejado inmediatamente en nuestra piel.

    Un gran número de las personas creen que las enfermedades de la piel se producen por alergias, exposición al sol o infecciones por contagio. Sin embargo, una de las principales causas, es una alimentación deficiente.

    En el preciso momento en el cual consumimos alimentos poco saludables, el cuerpo comienza a dar señales evidentes de que algo está andando nada bien. Nuestros órganos detoxificantes (riñón, hígado e intestinos) sobrepasan su límite y están repletos de toxinas imposibles de eliminar.

    Vitaminas para la vida:


    Sin duda alguna, las vitaminas A, B y C son necesarias para el desarrollo y mantenimiento de la piel. También minerales como el calcio, el selenio y el zinc. Las proteínas y el betacaroteno suelen encontrarse en algunas hortalizas.

    Aunque lo recomendable es seguir una dieta variada, hay una serie de vitaminas que debemos tener más en cuenta. Entre ellas:
    • Vitaminas del complejo B: intervienen en el buen estado de la piel y en los procesos de renovación celular. Las encontramos en la mayoría de alimentos de origen vegetal: las verduras, las frutas frescas, los frutos secos, las legumbres, y en los de origen animal: la carne magra, el pescado y el marisco, los huevos y los lácteos.
    • Vitamina A: es la que más contribuye a mantener la piel sana. Favorece el desarrollo de pigmentos en la piel y a regular su queratinización. Está presente en la auyama (calabaza), la mandarina, el tomate.
    • Vitamina C: Activa las defensas de la piel, e interviene en la síntesis del colágeno, la proteína que constituye el tejido cutáneo. Las frutas cítricas son excelentes fuentes de vitamina C.
    • Vitamina E: Vitamina antioxidante por excelencia. Protege y ayuda a mejorar el tejido celular, tiene cualidades antiedad y ayuda a mejorar la circulación sanguínea. Se encuentra, principalmente, en aceites vegetales.
    • Minerales: Destaca el selenio, mineral con acción antioxidante, el cual previene o minimiza el riesgo de aparición de ciertos tumores, entre ellos los de piel. La carne, el pescado, frutas y verduras, son fuentes ricas en selenio.
    • Betacaroteno: Presente en las zanahoria, se transforma en Vitamina A al ser ingerido. Es un potente antioxidante y anticancerígeno. Previene la aparición de muchas enfermedades e infecciones. También hace que nuestra piel luzca brillante y radiante.
    • Zinc: Produce en la piel una especie de película protectora que nos protege de los daños de los rayos solares. En verano conviene consumir más alimentos que contengan zinc. Previene el acné, evita el pie de atleta, ayuda a minimizar la resequedad en el rostro. Puede ser encontrado en germen de trigo, hígado de ternera, semillas de girasol, cereales, leche y harina de soya, entre otros.
    Por el contrario, muchos alimentos envasados, que contienen conservantes y colorantes, son responsables de algunas dolencias tales como eczemas, granos y resequedad.


    Un régimen alimenticio basado en vegetales variados es la mejor manera de evitar problemas en la piel. Exceso de lácteos, azúcares, alcohol y gluten, pueden ser poco o nada beneficiosas para este órgano. Sin embargo, todas las personas somos diferentes y, por lo tanto, nuestra piel reacciona de manera distinta ante la ingesta de ciertos alimentos.

    Es allí cuando cobra mayor importancia el estar atento a las señales que manifiesta y que, en diversas ocasiones, pueden ser originadas por no llevar una dieta balanceada. Ante cualquier duda, acuda al especialista. Él sabrá, sin duda alguna, como tratar las afecciones de su piel relacionadas con desórdenes alimenticios.

    Dra. Ingrid Rivera / Unimel 

    #unimel #unimelve #venezuela #dermatología #laser

    miércoles, 17 de julio de 2019

    Hablemos de… Nutrición Celular

    El procedimiento a través del cual las células de nuestro cuerpo obtienen la energía y los insumos necesarios para efectuar sus funciones vitales, es denominado Nutrición Celular.

    Esta se inicia desde el preciso instante en el cual ingerimos los alimentos, hecho que, aunque no lo percibamos a simple vista, desencadena una serie de procesos en el interior del organismo que finalizan con la nutrición de las células y transformación en energía. 
    Durante la nutrición de una célula, se llevan a cabo una serie de fases:

    • Ingestión o captación. Los nutrientes, líquidos, proteínas y otras moléculas esenciales se introducen a la célula por medio de dos procesos: permeabilidad y endocitosis. 
    • Permeabilidad: Minúsculas moléculas atraviesan la membrana plasmática y se introducen directamente en el citoplasma.
    • Endocitosis: En este proceso, la célula envuelve al nutriente para ingerirlo. La membrana celular se curva y se forma una especie de boca que empuja la partícula, la rodea y permite su ingestión.

    Entonces, por qué alimentarnos, y además sana y balanceadamente…

    Durante las etapas de la digestión, los alimentos que consumimos, se van descomponiendo en partículas más simples,  las cuales serán utilizadas por las células.

    Estas partículas, llamadas moléculas son transportadas por el torrente sanguíneo hacia los diversos grupos celulares, a través de un proceso dirigido por el sistema nervioso. De la sangre se transmite al líquido intercelular, donde queda a disponibilidad de las células.

    Ahora bien, ¿cómo contribuimos a la nutrición de nuestras células?

    Debemos cuidar que, en todo momento, nuestra dieta básica de alimentos esté balanceada y con nutrientes naturales como: 
    • Proteínas: material con el que se forman las moléculas que se encargan de la defensa, transporte o regulación de las funciones o de los tejidos.
    • Hidratos de carbono: Fuente principal de energía de nuestro organismo. También son conocidos como glúcidos o azúcares y carbohidratos. Allí están incorporados los monosacáridos (fructosa y glucosa), polisacáridos (lactosa y sacarosa)  y bisacáridos (cereales y legumbres).
    • Grasas: También conocidas como lípidos. Sirven de reserva energética, mantienen la temperatura corporal y protegen órganos vitales. Se identifican tres tipos de acuerdo a su proveniencia: 
      • Saturadas (reino animal)
      • Insaturadas (reino vegetal) y, 
      • Trans (insaturadas que se convierten en saturadas a través de un procedimiento)
    • Vitaminas: Aunque nuestro organismo las requiere en raciones pequeñas, éstas son imprescindibles para determinadas reacciones metabólicas. Su deficiencia o falta absoluta, puede ser el origen de numerosas dolencias. Tipos: 
      • Hidrosolubles como las C y las del grupo B, las cuales se eliminan diariamente y por eso hay que consumirlas con frecuencia (se encuentran en verduras y vegetales). 
      • Liposolubles como las de los tipos A,D y E, las cuales se acumulan en el organismo y son de difícil eliminación (se obtienen de aceites de pescado y de vegetales).
    • Minerales: Imprescindibles para el correcto funcionamiento de nuestra fisiología. Se dividen en 
      • Macrominerales (zinc, calcio, magnesio, potasio, sodio, fosforo, cloro y azufre)
      • Oligo elementos, los cuales requerimos en menor cantidad (hierro, yodo, fluor, cobalto, manganeso). Están presentes en semillas, algas, cerales, legumbres y verduras
    Concluimos entonces que la nutrición celular es parte fundamental y esencial para el crecimiento y salud de todos los seres vivos. No se trata tan solo de ingerir alimentos para satisfacer necesidades básicas. 

    Se trata de alimentarnos y hacerlo bien y balanceadamente, para de esta manera contribuir con la salud y el equilibrio de nuestro organismo.

    Dra. Ingrid Rivera / Unimel

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